Javier Soto ha hecho llegar a MINILEAKS la siguiente denuncia con respecto al programa de becas Erasmus para Jóvenes Emprendedores, un programa financiado con fondos de la Comisión Europeo y destinado a jóvenes que quieran adquirir sus primeras experiencias laborales en el extranjero (relato publicado alcompleto aquí):
“Todos sabemos las muchas trabas que tenemos en España para montar una empresa. Así que lo primero que pensé cuando vi la propuesta ‘Erasmus para Emprendedores’ era que la madre Europa nos echaba un cable. (…) Jamás imaginaría la chapuza que había detrás. En todos los niveles. Para empezar, no tienen nada que ver con las becas Erasmus, de las que supongo que habrán cogido el nombre por simples motivos de márketing. Yo mismo disfruté de una beca Erasmus en Noruega para terminar la carrera de Filosofía, una experiencia que recomiendo encarecidamente a todo el mundo.
Capítulo 1: Inicio algo renqueante
La estructura de la beca es la siguiente: hay un empresario (Host Entrepreneur, o HE) que acoge a un emprendedor (New Entrepreneur, o NE). Él se responsabiliza de formarle y entrenarle como empresario, a cambio del trabajo del emprendedor en tareas directamente relacionadas con su formación, durante un período acordado por ambos. La gestión se hace a través de dos intermediarios, uno en el país de acogida (HIO) y otro en el emisor (NIO). Este planteamiento sonaría bien de no ser por la asombrosamente alta cantidad de incompetencias que tuve que sufrir, que aquí detallo.
Vi varias organizaciones de mi ciudad que gestionaban la beca, y me puse en contacto con una de ellas por puro azar: la fundación Universidad Empresa de Murcia. La mujer que las llevaba, Maria José Marín (que es responsable de las becas Leonardo), me informó vagamente a través de teléfono y email de las características. (…) Finalmente dimos con Lapland Studios, en Rovaniemi, en el norte de Finlandia. Su presidente era Ilkka Immonen, el HE, quien parecía interesado en el programa y me propuso una estancia de 3 meses allí.
La negociación se retrasó varios meses (…) Tuve que cancelar varios proyectos porque él aseguró que la estancia iba a comenzar en primavera. Lo justificó diciendo que la sucursal a donde yo iba a ir pasaba por problemas internos, y me proponía hacer la beca con él, bajo su supervisión y cuidado. Parecía que la propuesta compensaba el retraso, y preferí confiar en él.
Pero el pasotismo de Ilkka empezaba a mostrarse en muchos aspectos: emails que tardaba 40 días en responder, lentitud desesperante incluso en las partes más simples del proceso de validación de la herramienta, o que yo tuviera que redactar todos los documentos burocráticos, incluso los que supuestamente tenía que hacer él. (…). Finalmente el período final fue del 7 de junio al 21 de agosto de ese año.
Capítulo 2: Incompetencias hispanas
No sólo cuando ya se había aceptado todo, sino a un día de coger el avión, me encuentro la primera cagada, con los intermediarios españoles. María José había mencionado en muchas ocasiones lo de hacer el ‘training’, que era básicamente explicarme por encima de qué iba el asunto, y darme unas fotocopias sobre la EU y Finlandia. Lo que no mencionaron era que tenía que firmar un contrato. Y menos aún que tenía que hacerlo sin leerlo, porque me dieron cita el día anterior a coger el avión, y a última hora (…).
Venían a decir que, si yo fallaba mi parte, tendría que pagar todos los gastos. Y que, si el empresario fallaba su parte, la beca se interrumpía y no había mayores consecuencias. Y me enteré de esto cuando ya no podía dar marcha atrás: en el avión que me llevaba a Alemania, en donde pasaría la noche en el aeropuerto, para coger otro avión para el sur de Finlandia, y luego un tren al norte en un viaje total de 28 horas.
También me enteré de lo que era la beca. Al principio me dijeron que me daban unos mil euros al mes, lo que tampoco es gran cosa en Finlandia. El día del ‘training’ me enteré de que no me daban nada, que sólo cubrían gastos hasta un máximo de unos mil euros al mes. Y, en el avión, me enteré de que sólo cubrian ciertos gastos, y no otros. De modo que, inevitablemente, acabaría perdiendo dinero.
Cubren lo que ellos llaman gastos, pero no inversiones. Os pondré un ejemplo: Finlandia, por muy buena fama que tenga, tiene un transporte público lamentable, al menos en el inhóspito norte del país. Creo que en los casi 3 meses que estuve allí ví dos veces un autobús. Y la población de esa región es una de las más dispersas geográficamente del mundo. La residencia en la que me habían puesto no estaba mal, pero estaba a varios kilómetros de casi todo. Así que, como hacían todos allí, me tenía que comprar una bici. Pero eso se consideraba una inversión, así que no lo cubrían
Cuando me quejé a los intermediarios españoles sobre estos asuntos, simplemente me ignoraron. Es una costumbre que no perdieron a lo largo del período: no contestaban ningún email en donde apareciesen problemas.
Capítulo 3: Entorno de trabajo: Buenos compañeros; mal jefe
Desde que llegué, los empleados de la oficina, los que iban a ser mis compañeros, me ayudaron en todo. Me informaron de todo lo importante del pueblo y me llevaban y traían de la oficina, distante unos 12 kilómetros, todos los días.
La lectura positiva de este hecho tiene también una cara negativa. El empresario, el que me iba a guiar y entrenar, apenas me hizo caso. Me saludó el primer día, y a partir de entonces todas las interacciones que tuvimos tuvieron que salir de mí. Todo lo relativo al proyecto que íbamos a desarrollar en esos tres meses fue algo que planeamos entre mis compañeros (especialmente Arto y Petri) y yo: conceptos, planes de producción, herramientas y motores a nuestra disposición, etc. Ilkka siguió exhibiendo el pasotismo que ya había mostrado por email. (…)
Capítulo 4: El acuerdo
Hablemos, pues, del trato. Supuestamente tendría que hacer labores directamente relacionadas con mi formación empresarial, pero él comentó que, hasta que no se lanzara el juego, no habría mucho que hacer a ese respecto, así que me propuso que le ofreciera mis conocimientos como diseñador de juegos, ayudándoles en el diseño y producción de un videojuego. Esto lo acordamos tanto por teléfono como por email. Al final resultó que no tuve que ayudar, sino que tuve que hacer todo el diseño, y hasta el diseño de niveles, porque no tenían allí nadie que pudiese hacerlo. Él, a cambio, se comprometió a formarme como empresario, en la segunda mitad de mi estancia, con el juego ya terminado, indicándome todos los pasos para su comercialización, promoción y demás, ajustándonos al ciclo natural del producción. Tenía sentido, y no había razón, más allá de su pasotismo, por la cual tendría que haber desconfiado de su palabra.
Así que me centré en diseñar una idea innovadora de videojuego, un Arkanoid en 3D dentro de una esfera. Pasaba los días tratando de adaptarme al extraño clima finés, en el pueblo fantasma que era la residencia en la que estaba (porque todos los erasmus se habían ido una semana antes de venir yo, y vendrían los nuevos cuando yo me largara), y tratando de disfutar los triunfos de ‘la roja’ cuando había bares abiertos o cuando la conexión a internet de la residencia no fallaba.
(…) El seguimiento por parte de los intermediarios tampoco fue gran cosa. Un email al inicio del período y ya.
Capítulo 5: La trama del engaño
Las semanas pasaban, y veía que él empezaba a incumplir algunas de las condiciones que mencionó. En una de las pocas charlas de producción que tuvimos, me aseguró que tendría disponibles a tiempo completo dos programadores y dos grafistas. Falso. El 70% del tiempo sólo estuvimos un programador (un becario en prácticas) y yo. (…)
Capítulo 6: Aislamiento
Las cosas estaban muy mal. (…) Me puse inmediatamente en contacto con los intermediarios españoles, para ver qué solución o ayuda me podrían prestar. Y, otra cagada más, ¡estaban todos de vacaciones! Algo de lo que no se me había avisado. La susodicha María José Marín me dijo que se iría de vacaciones, y que la reemplazaría cierta compañera (a la que mandé emails que tampoco contestó), pero nunca me dijo que toda su maldita oficina iba a desaparecer durante varias semanas. Me puse en contacto con la intermediaria finlandesa, que tampoco cogía el teléfono (ni respondía emails). Era tal mi sensación de aislamiento que me animaba con ideas de que todo era un programa de esos de cámara oculta o chorradas así.
La cuestión era que había sido enormemente perjudicado en una beca organizada y respaldada por la Unión Europea, y suponía que ellos me ayudarían ante una injusticia así.
Capítulo 7: Últimas negociaciones
Como no había ningún intermediario disponible ni nadie que me pudiese ayudar es ese asunto,traté de llegar a un acuerdo con Ilkka. Aún tenía ciertas dudas sobre su buena fe. Si no había tenido intención expresa de aprovecharse de mí, él comprendería la situación y trataría de compensarme, como empresario de acogida, por el trato tan injusto que había recibido. Y si había intentado engañarme, suponía que él lo negaría todo pero que trataría de llegar a un acuerdo para evitar escándalos y demandas judiciales.
Le expuse la situación con claridad:
Había ido a Finlandia a ser entrenado como empresario, bajo un acuerdo por ambas partes, a cambio de mi colaboración en un proyecto.
Yo había cumplido mi parte del trato: producir un concepto de videojuego innovador. De hecho, había hecho MÁS de lo que indiqué en el trato, como escribir el documento de diseño completo, diseñar todos los niveles del juego y de ayudas en otros proyectos de su empresa.
Él no había cumplido ni un 1% de lo prometido. Toda su formación se reducía a 5 o 6 charlas de 10 minutos, con información bastante obvia que podría encontrar fácilmente en internet. Él podría argumentar que siempre se reunía conmigo cada vez que yo se lo solicitaba (aunque tuviese que esperar varios días), pero le aclaré que uno no obtiene una verdadera formación haciendo preguntas puntuales, del mismo modo que alguien no se saca la carrera de Medicina abordando a los profesores en los pasillos.
Yo no tenía mi formación, no había aprendido prácticamente nada nuevo, no había ganado nada de dinero (de hecho lo había perdido), y había desperdiciado 3 meses, mas los meses que perdí en la preparación de esa estancia y en los retrasos que su pasotismo nos produjo. Sin contar con el tiempo y dinero que me costará montar una empresa sin la formación que supuestamente este programa iba a darme. Claramente no era una situación ganar-ganar.
(El juego fue finalmente lanzado para iPhone, con el nombre de “Spherenoid“. Ilkka ni se dignó a mandarme una copia del videojuego que yo había creado. Ni siquiera sé si finalmente me pusieron en los créditos. También me prometió un porcentaje de royalties en una de nuestras charlas, y luego nada de nada.)
Al principio le propuse una remuneración de 7.500 €, que es básicamente lo que cobra alguien de mi posición y de mis conocimientos en Finlandia a cambio de dos meses y medio de trabajo (un diseñador con varios años de experiencia cobra 3.000€ al mes). Y podría haber subido mucho más como compensación por haber imcumplido su parte del contrato y haberme hecho perder tres meses de mi vida. Él comentaba que tal vez se cobraba eso en Helsinki, pero no en el norte. Como no quería alargar eso, y como trataba de cerrar ese asunto de la manera más rápida posible, lo que hice fue hasta bajar mis pretensiones a 4.000 €, ya que el salario mínimo de un diseñador de videojuegos, aunque no tenga experiencia previa, es de 2.000€ al mes. Había trabajado dos meses y medio, pero le ‘regalaba’ medio mes por las siestas, los partidos de fútbol y para terminar cuanto antes con esa pesadilla. Si me hubieran dicho antes que iba a trabajar tres meses en algo que no iba a aumentar mis conocimientos ni mi formación por 4.000€, seguramente me habría negado, pues no era esa mi prioridad. Pero, a esas alturas, parecía un mal menor tolerable.
Al principio Ilkka me ofrecía sólo unos pocos cientos de euros, lo que consideré prácticamente un insulto. Dijo que, si hubiese querido un diseñador, habría contratado a un finlandés y no a mí. Si eso fuese verdad, ¿por qué había intentado contratarme dos meses antes? Cuando le expuse cuán ridícula era su postura, se mostró algo más receptivo. Pero no mostró mucho interés en llegar a un acuerdo, y por supuesto se negaba a plasmar por escrito cualquier tipo de propuesta que él hiciera, lo que en sí era bastante sospechoso.
Pero entonces fue cuando me hizo la declaración más increíble de todas: ¡NO SABÍA QUE TENÍA QUE FORMARME! ¡No sabía la (…) razón por la que estaba allí esos tres meses! Además de resultar poco creíble, era una afirmación de enorme gravedad: o bien el HIO no le había informado de algo tan crucial, o bien él trataba de engañarme. O, como lamentablemente descubrí luego, ¡las dos cosas!
Capítulo 8: Nuevas incompetencias hispanas. De mayor calibre
La situación me parecía tan escandalosa que informé de ello al intermediario español, aunque tuve que esperar a que volviesen de sus vacaciones. Faltaban unos días para mi vuelo, y aún se podía arreglar (a todo esto, para intentar arreglar el asunto, me quedé una semana más allí, porque de todas formas tenía pagado hasta fin de mes. Y los gastos de esa semana, como era de esperar, no los cubrían). En esos días no respondieron ni pude contactar con ellos por teléfono. Como vimos antes, era parte de su ‘modus operandi’ ante los problemas: ignorarme. Cuando les escribí metiéndoles prisa, su respuesta no podría haber sido más incompetente. Sus dos ‘soluciones’ fueron:
Capítulo 9: Pero en el norte no se quedaban cortos de cagadas
Pero los otros intermediarios no eran mucho mejores. Después me enteré de que, efectivamente, el HIO no le había informado de sus obligaciones como Empresario de acogida. Me pareció directamente un cachondeo. Al emprendedor le hacen leerse varios documentos y firmar contratos según los cuales puede resultar bastante dañado si no cumple su parte del trato. Al empresario no le hacen firmar NADA, y ni siquiera se aseguran de informarle de lo que tiene que hacer. Y el intermediario era igualmente finlandés, oh, de ese país en donde todo parece que funciona a la perfección. Anitta Sihvonen, para que luego Google sepa localizarla por aquí.
Y no os perdáis la versión de Ilkka: iba diciendo a los intermediarios que él tampoco estaba satisfecho conmigo, para contrarrestar mis críticas. (…) Era tal el nivel de incompetencia de los intermediarios que decidí prescindir de ellos. Mandé un detallado informe a la comisión europea que gestiona estas becas. Su respuesta: ninguna en absoluto Me ignoraron completamente.
Capítulo 10: La vuelta a España
Ilkka mostró un ligero interés para que siguiésemos negociando el asunto a través de internet, seguramente sólo para calmarme. Sólo le pillaba de vez en cuando en el chat del facebook. Respondía una vez de cada diez, y casi siempre decía que tenía que irse a una reunión (no se molestaba ni en introducir variantes a sus excusas). Decía que el email era más fiable. Le escribí bastantes emails a lo largo de meses. No respondió ninguno. (…)
Capítulo final: La publicación de todo.
Tendría que haber publicado todo esto en ese momento. Pero había algo dentro de mí que quería paz, de modo que, como último gesto de buena voluntad (gesto un tanto ingenuo por mi parte, lo admito), ofrecí a Ilkka un último acuerdo por la mitad, 2.000€. Menos de mil euros al mes en uno de los países socialmente más avanzados de Europa por un trabajo que pocos fineses podían hacer (me confesó muchas veces las dificultades por encontrar diseñadores de videojuegos en su país). Menos de mil euros al mes por diseñarle un videojuego innovador y divertido. Era un trato de mierda para mí, pero era un gesto simbólico de que en realidad no había intentado engañarme, que podría servir para sentirme menos explotado.
¿Qué creéis que hizo? Me ignoró. Totalmente. Incluso bajo la posibilidad de que hubiera estado intentado engañarme, el acuerdo al menos serviría para salvar su honor y evitar que todo esto se supiera y empañara su reputación a todo aquel que buscara su nombre en internet. Y me ignoró. Intenté contactar con él de la única forma que hasta ahora he podido: emails y facebook, hasta el punto de darle ultimátums para que viese que todo esto iba en serio. Y seguía ignorándome. (…)
Intenté asesorarme en temas legales. ¿Eran, tal vez, los intermediarios los que me ofrecieron cobertura legal a partir de algún abogado especializado en temas europeos? ¿Fue la comisión, como única ayuda ante un problema que le superaba? En absoluto, sólo conté con la ayuda de mi primo Carlos, licenciado tanto en Derecho como en Económicas (¡gracias una vez más por tu ayuda!). Me recomendaba no llevar ese asunto a juicio. Decía que los vacíos legales sólo les beneficiaban a ellos. Y, aunque podría sacar algo si lo hacía, el proceso duraría años y que seguramente me costaría varios miles de euros. (…) Si con esto que publico evito que alguien caiga en la farsa de estas becas, en la incompetencia de los intermediarios o en los engaños de Ilkka, me daré por satisfecho
Epílogo: Consecuencias
(…) Y, sobre las becas ‘Erasmus para jóvenes emprendedores’, el consejo es claro: si eres un empresario que desea tener un esclavo gratis durante varios meses, y si tienes la suerte de que dicho esclavo no haya leído esto ¡ve a por ello! Es incluso más rentable que los becarios a los que malpagas. Lo único que arriesgas es que no puedas usar otro esclavo bajo este programa, pero al menos el trabajo del primero lo tienes garantizado.
Y, si eres emprendedor, no caigas en el error en el que caí yo. Puede que tu experiencia sea buena, puede que el empresario que te acoja sea alguien de buena fe que te dé la formación por la que te embarcas en este proyecto. Pero existe una probabilidad nada despreciable de que se aproveche de tí en una beca que no te protege lo más mínimo, pero en la que él es intocable. Demasiado riesgo. Y ya tienes demasiado con la idea de montar una empresa. A no ser que cambien el programa. Pero, viendo la pasividad que han mostrado no sólo los intermediarios, sino los organizadores europeos del programa cuando les informé de toda la situación dudo mucho que esto vaya a cambiar.
Como si no tuviésemos ya suficiente los emprendedores que tratamos de montar una empresa en España como para tener que lidiar con supuestas ayudas que en realidad nos perjudican…
En fin, amigos, la moraleja de esta historia es clara: pasad de estas becas, y tratad de evitar negocios con los implicados en esta farsa:
La comisión europea de ‘Erasmus for Young Entrepreneurs’, encargada de un programa con demasiados vacíos legales y cláusulas abusivas precisamente para los emprendedores a los que supuestamente ayuda.
Ilkka Immonen, por engañarme.
María José Marín y Rafael Ataz, por no informarme debidamente ni tomar ninguna medida ante el abuso del empresario de acogida.
Anitta Sihvonen, por no informar a Ilkka de sus obligaciones, y por frenar cualquier tipo de acuerdo posterior entre él y yo.”
—
En la web del programa Erasmus para Jóvenes Emprendedores escasea la información en los aspectos de protección jurídica que ha señalado el denunciante.
—
Javier Soto ha hecho llegar a MINILEAKS una docena de e-mails que probaría aparentemente su versión. Publicamos aquí uno a modo de ejemplo en los que charlaba con la intermediaria española sobre el sufrago de gastos y su falta de información al respecto.
“Hola!
Ya me encuentro en Finlandia (como notaras por la falta de acentos). De momento todo va bien. Ya te ire contando detalles
Antes tengo una duda con respecto al dinero de la beca. Creo recordar que la beca eran dos mil y pico. Si, por ejemplo, mis gastos reflejados son de 400€ menos, tengo que devolver ese dinero? y que pasa con los gastos que no puedo justificar por falta de recibo, como lavadoras automaticas y cosas asi
Un saludo”.
Respuesta de la intermediaria:
“Hola Javier:
Me alegro que todo vaya bien, ya te he dado de alta en el seguro.
El total de tu beca son 2.375 €, tienes que justificar por encima de esa cantidad y pedir recibos y tickets en todos sitios. Durante los 20 primeros días de tu beca te pagaremos el 50 % del total y cuando vuelvas y nospresentes los justificantes te pagaremos el resto. La Comisión no acepta los gastos que no se puedan justificar, siempre hay que justificar con un recibo, lo siento.
Que te vaya todo muy bien y ya me vas contando.
Un saludo.”
De nuevo, el emprendedor:
“Hola!
Hay algunos gastos que de alguna forma necesito hacer, presentables con recibos, pero no sé si justificables por la beca. Algunos ejemplos:
- una bici para moverme por aquí (porque el centro está a unos 2-3 kilómetros). Seguramente puedo pillarme una de segunda mano, a un precio muy asequible. Y eso creo que sale bastante más barato que ir siempre en autobús estos 3 meses.
- unos auriculares para el juego que seguramente produciremos, y del que tal vez me encargue de partes relacionadas con la ingeniería de sonido y la música, y los que ellos tienen no son muy buenos (ni tampoco los míos). El portátil que me compré expresamente para este viaje (baratillo, sólo me costó 199€). Lo uso principalmente para cosas personales, pero también realizo algo del trabajo desde él.
¿Serían justificables (siempre y cuando la suma total quede por debajo del máximo? ¿No lo serían? ¿O sólo un porcentaje de ese precio?
¿Esa justificación depende de vosotros o de la comisión europea? Y, por cierto, casi todos los recibos que me están dando están en finlandés. ¿Supone eso algún problema?
Gracias, y un saludo.”
Nueva respuesta:
“Hola Javier:
Te remito la respuesta que me han dado desde la Comisión. Lo siento pero los gastos que me has comentado no son elegibles.
Lo siento, todos esos gastos son “inversiones” (el NE se los queda después del intercambio) y no pueden ser considerados como gastos de subsistencia.
Hay que tener en cuenta que el programa financia una parte de los gastos ocasionados por el viaje y la estancia, no los gastos relacionados con la actividad profesional que realiza o que va a realizar durante el intercambio (lo digo por los auriculares).
Un saludo.”
Y otra nueva respuesta de la intermediaria:
“Hola Javier:
Pues en principio yo creo que la bici si sería un gasto elegible, siempre y cuando conserves la factura y los auriculares también, lo que no estoy segura sería el portátil, tendré que hacer la consulta a la Comisión Europea, todo esto no depende de nosotros. Te contestaré en cuanto reciba respuesta de la Comisión.
Un saludo.”
La contestación de Javier:
“De acuerdo, aunque me hubiera gustado saber estos detalles de antemano. En un principio me había parecido entender que esta beca era un pago fijo que podía administrar como deseara. Luego veo que sólo cubre gastos. Y ahora me encuentro con que terminaré perdiendo dinero (porque no todos los gastos son justificables y porque las inversiones no están contempladas).
Tampoco me parece una medida del todo acertada por parte de la comisión. No incentiva el ahorro. Curiosamente, a efectos de la beca, me compensa más ir todos los días en autobús o incluso en taxi que comprarme una bici de segunda mano (que, por cierto, no entiendo cómo se considera “inversión” cuando no puedo traérmela en el avión).
También veo que voy a tener que lidiar con cualquier gasto que haga para ver si es un gasto o una inversión. Hoy, por ejemplo, he tenido que comprar cortinas porque extrañamente las residencias no tienen (y mucho menos persianas), y es un tanto difícil dormir con el cuarto totalmente soleado a las 4 de la mañana. Una almohada, porque la residencia no lo consideraba parte de lo que ellos llamaban amueblado básico. Y también una manta, porque a pesar de las noches soleadas podemos llegar a 5º, que no metí en la maleta precisamente para no tener sobrepeso y pagar más. Debo mencionar también que hice un viaje de 28 horas precisamente para ahorrar gastos. Esfuerzos que, por lo que veo, no me compensa hacer.
¿Debo realmente preguntarte por cada cosa que necesite si es elegible o no a efectos de la beca para que estar aquí no me resulte un pastón? ¿O podemos encontrar alguna solución más cómoda para ambos?
Un saludo.”
—
Esta otra conversación al final de la beca entre el emprendedor y la intermediaria española. Javier Soto asegura no recibir respuesta a su último e-mail.
“Saludos.
He intentado contactar con vosotros estos días, pero parece ser que la oficina estaba cerrada. Me he encontrado aquí con problemas, particularmente con Ilka, que se podría resumir en que no ha cumplido su parte del contrato.
Te explico la situación con detalle:
El primer día de trabajo nos reunimos y le pregunto qué plan piensa seguir para mi entrenamiento como futuro empresario. Me dice que no tiene preparado ninguno, lo que me evidentemente me sorprendió. Me propuso trabajar en un nuevo proyecto y que, cuando se lanzara, comenzaría la parte relativa a la gestión empresarial aplicada a ese videojuego. Supuse que eso era mejor que nada, y que podía invertir algo de tiempo en algo que ya sabía hacer, a cambio de recibir más adelante la formación que necesito. Mi especialidad es el diseño de juegos. Suponía que les iba a echar una mano en ese apartado, tal y como especificamos en el plan que ambos acordamos. Lo que no esperaba es que tuviera que hacerlo todo, porque ellos no tenían diseñador alguno. Incluso les tuve que ayudar en proyectos que nada tenían que ver con el acordado.
Nos embarcamos en un proyecto para el que me aseguró que iban a trabajar ciertos trabajadores. Pero, durante el proyecto, colocó a esos trabajadores en otros proyectos, enlenteciendo el nuestro. Durante la mayor parte de la producción, sólo estábamos un programador (con contrato de prácticas) y yo. Le comenté a Ilka que no iba a dar tiempo a terminar el juego, pero me comentó que me formaría en el plan de márketing para el juego que acababa de lanzar, ese en el que tuve que colaborar. Su supuesta formación se basó en una explicación de cinco minutos de temas de márketing de primaria. Empezaba a perder la paciencia.
Dejó para el final lo que él consideró sus secretos de empresa, que acabó siendo básicamente un powerpoint de 10 minutos que explicaba a clientes su plan de empresa resumido.
(…) Al finalizar mi período le expuse todo esto, comentándole lo decepcionado que estaba por la situación. Increíblemente, él confesó no saber muy bien cuál era su parte del contrato, y que si hubiera sabido que su papel era formarme como empresario, no habría aceptado el acuerdo. Intentó echarle la culpa a Annita (quien también parece estar de vacaciones) por no haberle documentado sobre esto. Le dije que no era culpa mía que él no se molestase en informarse previamente a firmar contratos.
Le exigía cierta indemnización, basada en los siguientes puntos:
- La retribución por el trabajo hecho. No trabajé como un empresario junior, sino como un diseñador senior. Y lo mínimo es que me pagase como cobran los diseñadores aquí. Trabajar gratis como empresario en prácticas a cambio de una formación empresarial es un buen acuerdo. Trabajar como diseñador experto a cambio de nada, no lo es.
¿Qué protección me podéis ofrecer hacia este abuso? ¿Esta situación podría ser demandable? ¿Qué me recomendáis hacer?
Gracias, y un saludo.”
Aquí, la respuesta de la intermediaria española:
“Buenos días Javier:
Después de varias conversaciones con el coordinador de nuestro proyecto, con mis compañeros y con Anitta (el IO de Ilkka), todos coincidimos en que deberías haber informado de esta situación durante el transcurso de la beca en la empresa finlandesa. De esa manera, podríamos haber hablado con Anitta y haber puesto soluciones para que el HE se comprometiese a cumplir lo que había pactado en el plan de trabajo reflejado en el contrato. De hecho, hemos contactado con Anitta y nos ha hecho saber que antes de irse de vacaciones te envió un mail para ver como iba todo y tu respuesta fue que todo estaba correcto y que no había problemas.
Como te comenté, esta es la primera vez que nos encontramos con este caso, tienes que entender que es un programa piloto de la Unión Europea y que por lo tanto, los resultados puedes ser más o menos satisfactorios. Todos estamos aprendiendo de este programa y estamos convencidos que de algo te ha servido tu experiencia en Finlandia y habrás sacado provecho de tu estancia allí. Como sabes, tu estancia allí no supone ninguna relación contractual con el HE y por lo tanto, el programa no recoge la posibilidad de indemnizaciones a los participantes. No obstante, la única vía para reflejar tu descontento con la práctica realizada y con el HE es la cumplimentación del test final a través de la herramienta informática una vez finalizada la beca.
Por último, si ves factible la posibilidad de llegar a un acuerdo con el HE (explotación comercial, compensación económica, etc.) nosotros no tendríamos ningún problema pero siempre al margen del Programa Erasmus para Jóvenes Emprendedores.
Muchas gracias por tu comprensión.
Un saludo.”
Javier mandó este último mensaje, del que asegura no obtener respuesta:
“Hola.
Si no informé antes es porque confié en la palabra de Ilkka de que me iba a dar la formación adecuada en la segunda parte de la estancia. En ningún momento me dijo que desconocía el hecho de que me tuviese que formar. Sólo lo hizo al final, cuando ya era demasiado tarde, y cuando él se había
beneficiado de mi trabajo gratis. Me estuvo manteniendo allí bajo falsas promesas y falsas esperanzas.
El email de Anitta fue dos semanas después de mi llegada, el 20 de junio, y por aquel entonces no tenía el menor indicio de que Ilkka no iba a cumplir su palabra. Me mandó otro email en agosto, y le informé de que había problemas, pero no me lo respondió.
¿No se supone que el HE ha firmado un contrato con la comisión europea que no ha cumplido? ¿Por qué debo ser yo el único perjudicado en esta situación, cuando precisamente soy el único que ha cumplido con su parte del trato?”
—
MINILEAKS se ha puesto en contacto con María José Marín y Rafael Ataz (intermediarios españole de la Fundación Universidad Empresa de la Región de Murcia).
Se enviaron estas preguntas:
- ¿Reconocen ustedes que el contrato del emprendedor se le entregó a última hora en el aeropuerto? (nos corrige el emprendedor diciendo que fue el último día en la oficina de la Fundación apenas 6 horas antes de coger el vuelo)
- ¿Consideran ustedes que en este caso el empresario finés no fue informado de sus deberes y obligaciones con respecto al joven que acogía?
- ¿Detectan ustedes el perjuicio económico sufrido por esta persona?
- ¿Cómo justifican los mails sin respuesta que Javier asegura haberles mandado?
- ¿Se ha establecido algún protocolo con la Unión Europea para evitar casos similares?
Ha respondido Carlos Belmonte, director del departamento de Innovación Empresarial de la Fundación Universidad Empresa Región de Murcia:
“(…) Respecto a las preguntas que Uds. formulan, entenderán que no procede nuestra respuesta, en cuanto éste no es el procedimiento adecuado. Ya en su día tuvimos las oportunas gestiones y respuestas a las demandas de Javier Soto única persona a la que debíamos hacer llegar dichas respuestas como interesado. Demandas que por otra parte, no nos hizo llegar hasta finalizar prácticamente su estancia.
Sí manifestarle en cualquier caso nuestra sorpresa en cuanto a los contenidos de sus preguntas, tales como falta de respuesta por nuestra parte, entrega de documentación en aeropuerto, etc., dada su falta de veracidad. En este sentido, entiendo que deberán tener el cuidado oportuno a la hora de hacer cualquier publicación en medios de comunicación, si en sus manifestaciones no hacen uso de la verdad y causan por ello un perjuicio a nuestra Fundación.
Por último, indicarle que Javier Soto disfrutó de una beca para la realización de su estancia, y como comprenderán, no todos los casos son de pleno éxito, puede suceder que en ocasiones, el becado quede parcialmente insatisfecho. Pero tengan la seguridad que podrá quedar insatisfecho por no cubrir expectativas, en ningún caso por falta de atención de esta institución que es la Fundación Universidad Empresa de la Región de Murcia, con una experiencia en proyectos de movilidad transnacional, con más de 1.000 becarios beneficiados, sin que en ninguna ocasión se nos haya presentado una situación similar.”
—
También se ha contactado a la intermediaria finlandesa Anitta Sihvonen que ha preferido no contestar una a una a nuestras preguntas sino dar una opinión general:
“Gracias por su información. Javier Soto participó en el programa Erasmus para Jóvenes Emprendedores y aceptó las reglas. Cuando estaba haciendo el intercambio, le pregunté qué tal estaba y me dijo que todo marchaba bien.
De repente, cuando estaba a punto de acabar su período reclamó 15.000 euros a Ilkka Immonen. Nos quedamos sorprendidos, porque en los contratos no figuraba esa remuneración. Mr. Ilka Immone dijo que Javier Soto se había dormido en la oficina (sic). Estamos sorprendidos por su comportamiento.
Ilkka Immonen de la misma información que cualquier otro empresario que actúa como anfitrión, en este programa no se paga un salario a los emprendedores, porque es un programa de intercambio pero le da formación sobre cómo convertirse en emprendedor (…).”
—
El empresario Ilkka Imonen no ha contestado a las preguntas de MINILEAKS.
—
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